sábado, 6 de julio de 2013

Clamé

Con largo paso el caminante recuerda, tras aquellas miradas con risa saltona un tiempo aquel del cual no fue partícipe. Aquellas calles, que en su momento le dieron cobijo, se encuentran ahora seníles, en un blanco y negro prolijo.

Un viento me llama, giro en redondo. Una catedral, un instinto, un dolor. Siento, escucho, olvido, rezo, lloro.
Un sentimiento ido, tan solo un segundo, unas horas. Por mi alma pido perdón y me encuentro en el lugar que menos esperé, pero aquel que más me ha confortado jamás.

Tan pronto como llegué sentí no tu presencia, sentía tu ausencia. Sentí que clamaba al dios equivocado; sin embargo me sentí tan aliviado, tan rodeado. Tal vez no eres dios de los hombres, tan solo un hombre, tan solo hombres. Tan solo compañía lejana enredado en un rezo lejano.

No oré, clamé. Clamé por mi alma, por mi ser. Por todo aquello que quiero, por tu ser. Clamé mi ira por la injusticia, clamé por mi suerte y mi infortunio. Clamé por entender, por creer, porque entendí que cuando nada más se puede hacer, solo queda orar. Orar en vano, orar aunque no creas, pero elevar lo aquello que te aqueja al vacío. Un vacío que pueda o no escucharte; pero un vacío que me reconforta.

Clamé por tu vida, clamé por la mía. Con un golpe de pecho y una lágrima lenta, encontré la calma. Encontré a dios, mi dios. Aquel que he creado, aquel que solo a mí me escucha, aquel que cumple mis expectativas.

Elevo mi espíritu, lo dejo suelto. Te elevo, te suelto; pero te rezo ya que poco puedo hacer por ti ahora.

martes, 2 de julio de 2013

El estudio de la arquitectura

El estudio de la arquitectura como materia es tan extensa y reflexiva que estudiarla nos tomaría una cantidad indeterminada de tiempo. Basada en principios subjetivos, tiende a salirse del marco, tiende a conseguir en el estudiante una sensación de gran inmensidad, una carrera con tantos detalles que se hace imposible terminarla en tan solo 5 años de estudio universitario.

Estoy convencido de en tan poco tiempo inmerso en este mundo que esta ha sido una de las más importantes, sino la más importante decisión de toda mi vida. La vocación de servicio al usuario no es algo con lo que se nace, es muy difícil pensar por otros, es muy difícil amanecerse para otros. Tras un largo proceso de aclimatación y naturalización de mi propia mente a fronteras más extensas, aquella en donde lo físico-espacial esta presente en todos y cada uno de mis pensamientos.

He de admitir que el estudio de la arquitectura me parece abrumador, inmersivo, voraz. Creándose en mí un alter-ego, aquel del cual el espacio, pausa y ritmo son sus únicos motivos de ser. Capaz de eliminar toda clase de dolor, sueño, malestar e incluso alejándome de la realidad por completo. Jornadas de más de 15 horas durante días seguidos sin descanso para el logro de algo concreto, un objetivo que no es más que un pequeño paso en todo este proceso.

Tanto como la calidad de diseño, se necesita de una coherencia, de una capacidad de prever todos y cada uno de los detalles que podría o no variar nuestra propuesta. Desde la forma básica a inicios de una idea hasta el ancho del último peldaño de la última escalera. Se necesita mantener la cordura, mantener una propuesta, una forma de vida que solo te incite a la creación. Una necesidad de preocupación por algo aún inexistente y una capacidad para dejarse absorber por esta.

El estudio de la arquitectura tras tan poco tiempo, me ha dado tesón, fuerza y valentía para ir más allá de lo común; más allá de un muro bien construido, una armonía entre lo que deseo y lo que es mejor en cada situación. Ha influido tanto en mi vida, que me veo incapaz de dar un paso atrás a estas alturas. Una noción de la realidad, que antes por más que quisiera, jamás hubiese sido capaz de conseguir.

jueves, 15 de noviembre de 2012

El ser sacrificado.


El calor del viento que mis ojos resecan, contemplo el altar del cual he de ser sacrificado. No lloro, calambro. Volteo y miro de quien veo ha sido mi gran compañía, estoy a punto de ceder, estoy a punto de rezar. Aquella su mirada auxiliadora, me contempla. Orgullosa, mi dios, tu dios, estarán felices con mi destino.

Del bullicio poco atendido, de aquel que aclama mi valor, tan solo quiero el silencio de aquella mirada no reservada. Aquella paz de la resignación, aquel sol que quema mi espalda, todo se funde en el momento cúspide de mi inspiración. Ya el verdugo es confesor y mi pena, orgullo.

Cuando morir esta permitido, cuando sentir es cosa de todos los días. Cuando del dolor sacas tu mejor esencia, contemplas la dicha de aquel hoyo. Suenan los tambores, pronta la muerte sonríe tras mi sombra. Es compañera, es destino.

En mis hombros desnudos esta aún el sudor de tu cuerpo, castaña, deja de mirarme la espalda. Castaña, te digo que vengas a mi lado. Castaña eres, castaña te alejas. Con orgullo aceptaste mi sacrificio y también eres partícipe, creadora del dolor. Tras el largo camino, recuerdo que en tus cejas posé mi alma, cómo es aquel reencuentro final, aquel del cual la muerte solo espera al final.

Cómo no sentir hasta la médula, cuando el final es sabido ya. Mi destino, elegido por los cielos, me da el don del despido. No volteo, no regreso. Por que para extrañarte debo haberme ido. Soy el sacrificio a los dioses, soy el diluvio esperado. Mi alma santa, poderosa, elegida por los otros, aquellos con el poder de señalar sin esconder la mano.

Es un orgullo y aún duele el músculo, tiembla el hueso y el ojo huye del destino. Ya que cobarde soy; pero me debo al deber. Mis últimos pensamientos son tuyos, mientras mis ojos fijos en la hoja. Te veo querida, te miro, eres la última mirada antes de mi fin, oh dios, no quiero esto, dios mío, aquel que nos arrebatas nuestra paz, tú que existes en sociedad, sácame de aquí, no quiero esto, no merezco morir, dame un día más. Cobarde tu destino esta sellado, ya que eres el ser que nunca quiso ser sacrificado.

sábado, 27 de octubre de 2012

A una sonrisa partida.

Señoras de rapiña que rebuscan en su memoria, aquella risa cachacienta de antaño; buscan en su mirar aquel reflejo de su, desde ahora, anterior vida. Murmuran, se reúnen  planean; buscan la manera correcta y odiada de actuar, con aquel sentimiento de gozo revuelan sobre su presa, buscan alimento, comen dolor y están hambrientas.

Tenemos un cuerpo en la habitación, alguien entre nosotros no respira ya más. Examino tu rostro querido, no veo dolor, no veo nada; planeas no sentir esta vez o sin lágrimas te has quedado. Las voces susurrantes obedecen a la pena, buscan a Dios en su mirada, buscan en la madera el movimiento. Buscan entre ellos un consuelo, una forma comportarse. We must pray. WE MUST BE SAD.

Se rompe el hielo, la madera refleja el brillante sol. Regreso en busca de tu mirada, ni tan solo una palabra silenciosa, un mudo acuerdo, un guiño de antaño. Veo no serás el mismo querido, ni serás el único hombre al que he amado, al que he respetado, única figura paterna, único padre.

Tu amante, tu mujer, acaso la única mujer que te ha amado. Te conoce, te siente, te vive. Sabe, como yo, que aquel discurso a medio vaso, entre aquellas paredes poco estables con esa sonrisa tan sincera, no volverán. Extrañarás hasta la muerte y peor aún con en el engaño vivirás. Regresa querido.

Entre muertos tan altos como muros, nos vemos aquí reunidos, santa madre de Dios ruega por nosotros, ruega por mi alma, ruega por mi rezo inexistente, ruega por aquella sensación de inhumanidad que sentí. Ruega por mi alma y de ella has una flor. Ruega, porque no soy digno ni de tocarla, no, no a la amada, no.
Contrita esta mi alma, y del egoísmo he vivido. Tu dolo está compartido, el mío; mi propio camino será en soledad; cuando pise tus pasos, cuando tenga tus años y el peso de tus hombros, a diferencia solo estaré.

No pude darte ni la mirada, al final del día tras un abrazo cortado, no te he dado ni las gracias. No puedo, no quiero, no debo. Extrañaré tu sonrisa y con ella tu vida.

martes, 9 de octubre de 2012

e5yhsdgzdfg


-Érase mi risa ahogada, pequeño murmullo y consuelo. Última frontera, último engranaje y máscara.

-Érase mi voz, fuerte y decidida. Hijo de tenor, con derecho a gobernar a sus congéneres. Aguda, penetrante, silbido agudo.

-Érase mi zurda, heróica y hermosa. Nudosa y nerviosa. Movimientos finos, de niño, entonaban con ritmo y sabor.

-Érase mi orgullo, inigualable e intacto. Escombros de llanto, ruinas de gran coloso, proclive al lamento; quien lo miráse ahora.

-Érase mi decisión, quebrantada por la herida. Érase quijote y confundida. Tan poco asertiva como pensante.

-Érase mi calma, ida.

-Érase el tacto, caliente y sudorosa, fuente de pasiones y clamorosa. Érase una diva, una gorgona, un aliento profundo que conspiraba contra mi razón.

-Érase, de paso, mi razón. Inmutable, binaria, transparente y muy perturbada. Dura y noble, quimera perfecta de un tiempo sencillo.

-Érase el cristal, de mis ojos en vilo. Miembro único y estable. Artista, pintor, músico, cantor, orgullo de la familia y bastión de la creación.

-Érase mi constancia, agrietada por la distancia, aquella del padre no habido.

-Érase mi arte, no violentada. Gritaba originalidad, y buen humor. Ahora maltrecha y con retardo mental.

-Érasen mis tardes, a planes no consumados agradeciéndole a Soledad, amante ramera.

-Érase el morbo de mi cuerpo. Territorio no explorado y mina de oro, diamantes y estiércol.

-Érase una vez mi virilidad, reemplazada ahora por un sentimiento.

-Érase su olor, aliento fresco. Un detalle juvenil con muerto deseo. Quizá de todo lo que recuerdo.

-Érase mis objetivos. Brutos, maduros . De sabor agrio, cocaína maníaca, palo azotador de mi espalda cortada.

-Érase mi madre, otrora valiente y destino de mis rezos.

-Érase un libro, guardián de mi destino, dudas y camino. Érase mal escrito, dulzón y muy de niño.

-Érase acaso todo lo bueno de mi vida, érase toda mi alegría joven. Érasen muchas cosas.

-Es todo lo escrito recuerdo. Es el cambio. Contrito corazón; pero agradezco lo que era y añoro lo que soy.

domingo, 7 de octubre de 2012

Estallar

Bóveda falto de ejercicio pone en
jaque los músculos de mi sentir
un espacio oscuro y eterno contemplo
acuosos mis ojos detienen su vigilia.

No creo, siento
no busco, lucho
no sufro, consiento
elevados mis sentidos
a flor de piel tengo el demonio
inquieto, torpe, enjuto
cierra su vista ante el sol de mediodía.

Agrupan los sonidos memorias fútiles
asocian mis dedos sensaciones de dolo ajeno
crisálida conciencia escribe tupidos versos
de información y adrenalina.

Siento! Reverbero! Rebalso!
mezclo hiel con libido
se humaniza mi ritmo, corresponden mis latidos
mirá esos faroles límpidos de cavilante sonrisa.

Conservan el hedor de mi alma
buscan en este mi barullo
aquel lugar del cual recóndito
mi alma, mi esencia, mi voz
están.

Y encuentran aquel deseo
de crear
reconstruyen el génesis de mi motivación
es el segundo antes de la gran explosión,
es el big-bang,
es el estallido creador,
es el beso salvador.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Un soldado

Cierto es una hazaña por cometer, no debería permitirme tales tropiezos, inconclusas meditaciones en mi estado se presentan como heridas de bala que no veo sanar. Pierdo el ritmo, mi pensamiento se hace torpe, siento no me ayuda, no me beneficia; pero cuanto lo anhelo.

Saco de la manga una imagen de antaño. Siento que cometo un error grave, acaso olvidas que eres débil? Tan lejano, una realidad alterna que si bien fue mi verdad, la he deshumanizado tanto que olvido a veces fue real. Un veterano de guerra que cree haber visto morir sus ideales en la guerra, apunto el fusil a quien es mi último trofeo, quito una vida en nombre de un trozo de tierra que jamás veré.

Y así regreso a casa, con una carga en mis hombros, preguntándome si vale la pena tanto esfuerzo, si vale la pena tanta algarabía, si de tanto en tanto no estaré cometiendo uno de los más grandes errores de mi vida. No quiero escapar, pero tampoco sé como reaccionar. Una bala zumba cerca a mi oreja, regreso a la realidad, la acción no limita mis movimientos y corro en busca de una lugar donde tumbarme por protección.

Siento la respiración corta, reproduzco aquello momentos que desde tan lejano tiempo consigo aún conservar. Nubla mi mente, olvido el presente. Escucho, el estallido conmociona mi cuerpo y observo por última vez todo por lo que luché.

Pero vuelvo a perder el ritmo, no concluyo lo que quise escribir, tal vez por miedo a aquella represalia silenciosa, que me mira desde lejos y crea un pequeño vacío de oxígeno, una sensación amable y tortuosa.
Acelera mi latido en la calma de mi mente, rompe el delicado engranaje que me mueve y corrompo mi espíritu. Cae el soldado abatido y sonriente.

Entonces recuerdo, apago las luces y decido, no vale la pena.